viernes, 3 de junio de 2016

Garbiñe Muguruza es fuego en la tierra de París

Derrota a Stosur, 6-2 y 6-4, y jugará mañana la final de Roland Garros frente a Serena Williams
A otra velocidad, a otro ritmo, en otra dimensión, a otra temperatura. Fiel a sí misma, convincente de principio a fin, Garbiñe Muguruza venció a Samantha Stosur, 6-2 y 6-4, en una hora y 16 minutos, y disputará mañana su primera final de Roland Garros, segunda del Grand Slam después de perder el pasado año en Wimbledon ante Serena Williams. Se medirá de nuevo con la estadounidense, que ganó a la holandesa Kiki Bertens 7-6 (7) y 6-4. 

La número cuatro del mundo no admitió réplica. Con 22 años, diez menos que su adversaria, maneja mejor los argumentos que se imponen en el tenis de hoy. España vuelve a contar con una finalista en este torneo dieciséis años después. Entonces, Mary Pierce se impuso a Conchita Martínez, que había superado a Arantxa Sánchez Vicario, tricampeona en estas pistas, en semifinales. Es la cuarta finalista española de un 'major', lista que inauguró Lili Álvarez disputando tres sobre la hierba de Wimbledon el siglo pasado. Muguruza elevó pronto el termómetro de una pista fría, muy fría para la estación que toca. Con poco más de diez grados, mantas y capuchas en las gradas medio vacías, por momentos parecía tratarse de un partido cualquiera de Roland Garros, no del encuentro del que saldría una de las finalistas. La autoridad con que se desenvolvió la hispanovenezolana, su tenis de fuego, la pegada brutal con la que impidió a Stosur, 21ª cabeza de serie, finalista en 2010, ganadora del US Open un año después, construir apenas alguna jugada, desmentía la impresión dictada por lo impropio de la atmósfera. Pese a no andar fina con el servicio en el primer set, la semifinalista este año en Roma, que ya tiene garantizado ascender al número tres del ranking y será dos si se hace con el título, tomó carrerilla gracias a la precisión de sus restos y del carácter letal de sus golpes de fondo, particularmente con un revés que la australiana apenas podía ver venir. Como admitía el entrenador de Stosur, David Taylor, en vísperas del partido, Garbiñe ha crecido mucho desde que ambas jugadoras se enfrentaron hace dos años en el Mutua Madrid Open. Entonces ganó Stosur, una tenista hercúlea, de fisonomía formidablemente trabajada, con una más que estimable hoja de servicios, pero perteneciente a una época que lentamente empieza a declinar. Tras llevarse el primer set en 32 minutos y romper nuevamente en el comienzo del segundo, Stosur cobró vida e igualó a dos. Se jugó más, pero la caraqueña también estaba lista para ese tipo de escenario. Sin perder pujanza, cada vez más fina y decidida en la red, dato de notable importancia en la evolución que precisa, no cayó en la precipitación en la que tiende a perderse en algunas ocasiones. También con intercambios más prolongados iba a dominar a Stosur, que pareció firmar su rendición con la doble falta que puso el tanteo en 5-2. No fue así. Víctima de la ansiedad, con las dificultades lógicas para cerrar el partido, Muguruza perdió el servicio en blanco y vio cómo la australiana se aproximaba. Acabó sufriendo por lo novedoso del logro. Vio la última bola de Stosur en la red, estrechó su mano tras deja caer la raqueta y volvió a la pista. Con las manos sobre la cabeza. Y un resoplido marca de la casa.
Cort. elmundo.es