jueves, 8 de septiembre de 2016

El comando “Cauchos lisos”/editorial El Nacional jueves 08sep16


Con Nicolás todo es más  fácil, dicen las policías que dirigen los chavistas, porque no es necesario llevar a cabo demasiadas investigaciones, buscar pruebas, hacer exámenes de laboratorio, informes de balística y peritaje de huellas, recolección de proyectiles y un sinfín de interrogatorios a testigos y sospechosos.
Esas son cosas del pasado porque hoy la revolución bolivariana entra en el escenario del crimen y, como dicen los españoles, va directamente a lo suyo. Nada de detalles y pistas, y mucho menos perfiles de asesinos en serie y todas esas tonterías de escritores de novela negra. Aquí lo que priva es la novela roja, y vaya si lo es.


Por ejemplo, cuando los cuerpos policiales acuden a la escena del crimen ya saben de antemano quién o quiénes son los sospechosos, conocen al dedillo sus antecedentes e inclinaciones delictivas, el modus operandi y otras minucias que facilitan en mucho el proceso de engordar, cuasi presidencialmente, los expedientes que servirán de escenografía para condenar a cualquiera, no importa si para el momento de los hechos el presunto, o más bien el culpable definitivo sin lugar a dudas, está de vacaciones en Australia. Ese pequeño detalle no importa, es un mero accidente de carácter temporal que no debe detener la investigación en curso. 

Para evitar que desde la oposición se lancen acusaciones infundadas para desprestigiar a nuestro amado presidente, los cuerpos policiales están dotados de pruebas irrefutables que llevan ordenadamente en la maleta trasera de la patrulla. Allí llevan todo lo necesario, desde un pendrive por sospechoso, es decir, por cada uno de los inevitables culpables, hasta largas y enrolladas mechas para explosivos, detonantes, gasolina, envases para cocteles madurotov, miras telescópicas y por supuesto el consabido armamento propio de un francotirador entrenado en el imperio. 
Con ese equipaje abordo los agentes de seguridad del Estado, es decir, del PSUV, salen en busca de sus futuros presos ya escogidos por adelantado. Botín seguro, a burro amarrado… leña segura, como dicen los campesinos, o mejor dicho, los pocos que quedan luego del huracán de expropiaciones que acabó con el campo y la siembra. Pero tampoco es como para ponerse a llorar, pues la policía ha aprendido a sembrar y no propiamente maíz y caraotas. 
Siembran pendrive en la casa de Daniel Ceballos y ¡zas! Se lo llevan preso. Agarran a Carlos Melo y le descubren un “un teléfono celular” y un “cordón detonante en una correa de doble fondo”. Vaya, vaya. Una correa como las que usaban en los años sesenta los Tupamaros de Uruguay, quizás un regalo del ex presidente Pepe Mujica. ¡Ay!, al señor Reverol se la cayó la cédula. Al peligrosísimo Yon Goicochea le incautaron, quizás por incauto, unos niples (otra caída de cédula) de la época cuando Jaua era encapuchado en la UCV. 

Pero los agentes de seguridad se merecen un Oscar a la mejor actuación cuando llegaron a la heroica población margariteña de Villa Rosa y capturaron, en una acción comando, a tres menores de edad y les incautaron dos bombas madurotov, dos potes con gasolina y tres cauchos más lisos que la calva de Jorge Rodríguez.     
Fuente:El Nacional