miércoles, 7 de septiembre de 2016

Los nuevos represores/editorial El Nacional miércoles 07sep16


Nicolás Maduro y sus ministros repiten, como loro en estaca a las puertas de una casa de pueblo, que la MUD forma parte de una inmensa y refinadísima maquinaria golpista en permanente y continuo movimiento. 


No se detiene un momento esta maquinaria diabólica en su fatigosa labor de debilitar las instituciones y de penetrar, con paciencia de monje trapense, los diferentes niveles de mando de nuestras Fuerzas Armadas (ellos creen que solo deben pertenecer al PSUV) para arremeter contra el “legítimo mandato” de Nicolás Maduro, tan trabajosamente conseguido en las urnas. 

Y si no creen esto último o les parece exagerado, pues pregúntenle a Jorgito, que sudó la gota gorda para que el inmaduro llegara adonde está hoy, para grima y desgracia del país. De eso sí sabe este psiquiatra que, por cierto, se las vio negras en las elecciones del 6 de diciembre porque en la porción territorial de Caracas que dirige y administra con saña, odio y discriminación, sufrió una histórica y vergonzosa paliza que le obligó a mover sus palancas dentro del CNE para que, entre gallos y medianoche, se rebajara la dimensión del margen en contra suya y que, para su angustia y humillación, se le notaba como un escupitajo en el rostro.

Por el mismo camino va su hermanita Delcy, que se molesta cuando le dicen fea como si lo que está a la vista necesitara anteojos. Pero poco importa en la vida la cara y la figura (por ejemplo, la Santa Madre Teresa de Calcuta) si por encima de todo sobresaliera en ella algo que no fuera el odio destructivo y fanático, el hedor de la venganza acumulada como si ella fuera la única que sufrió durante la represión en los años de la lucha armada. Se equivoca porque muchos sufrieron y luego han retomado la vida sin que los buenos sentimientos, la bondad y la compasión los atenazara.

Pero esta señora y su hermano desconocen muchas cosas que pasaron en ese momento y que tal vez es mejor que no lo sepan. Lo grave es que hoy juegan felices en el campo de la represión sin que nada les atormente la conciencia (si es que la tienen), y que no hayan titubeado en colocarse el atuendo de verdugos para decapitar a jóvenes militantes de oposición y también a viejos compañeros de su padre en las andanzas de la violencia. 

A este dúo rojito de pajaritos burocráticos se les olvidó que en la historia los torturadores, los secuestradores de militantes y dirigentes políticos, los agentes que capturan a madres e hijas por el simple hecho de ser familiares de un dirigente o activista y las llevan a la cárcel sin órdenes de captura, y lo peor, violando sus derechos humanos más elementales, se parecen o son idénticos a aquellos que llegaron a su casa en los años setenta, arrastraron a su padre hacia la patrulla y, haciendo caso omiso de sus reclamos, lo privaron de libertad y le dieron muerte. 

Hoy en Venezuela esa tragedia se repite en circunstancias similares con decenas de presos, casas allanadas ilegalmente, estudiantes encerrados en celdas oscuras y subterráneas. Da pena ver a estos hermanos sentados cínicamente al lado del ministro militar del Interior (sin paz ni justicia) anunciando más odio y violencia.
Fuente: El Nacional