viernes, 9 de septiembre de 2016

Monumento a la ruina/editorila El Nacional viernes 09sep16


Ayer fue el Día de la Virgen del Valle. Se cumplieron 105 años de su coronación. Como ya es arraigada tradición, los neoespartanos dieron fe de su devoción a una de las advocaciones marianas más veneradas por la feligresía católica del oriente del país. Sin embargo, la víspera acontecieron dos hechos, reseñados con la asimetría mediática impuesta por el monopolio informativo bajo control rojo rojito, que empañaron el ambiente de regocijo anticipatorio del homenaje a la milagrosa Madre de los Pescadores.


El primero, no en orden temporal sino narrativo, fue la irracional y bárbara retención, rayana en el secuestro, de Henrique Capriles en el aeropuerto Santiago Mariño, con la anuencia –ya sea deliberada o por omisión, da lo mismo– de los jefes del gobierno nacional y regional. Un delito mayúsculo que quedará impune, no acarreará detenciones y será asumido como acto permisible de rabiosa reacción a “la afrenta de Villa Rosa”. El otro, motiva estas líneas.

El adjetivo “pedestre” tiene, según el diccionario de María Moliner, dos acepciones en castellano. Que se aplican, una, a “lo que se hace a pie”; la otra, a “la falta de delicadeza, elegancia o distinción” y es comúnmente empleada como sinónimo de chabacano, ordinario, ramplón y vulgar.

Por esta razón acaso, Juan Carlos Palenzuela, perspicaz crítico de arte lamentablemente desaparecido, ironizaba sobre la impertinencia de ese vocablo para caracterizar monumentos esculpidos en memoria de héroes de a pie –generalmente civiles, porque los guerreros cabalgan– y diferenciarlos de los ecuestres, sedentes, yacentes, orantes y oferentes. La digresión no pretende ser lección de vaciado y cincelado, sino preparar al lector para su encuentro con una aparición súbitamente materializada en Porlamar frente al hotel Venetur, sede de la Cumbre de los No Alineados. Embojotada, sin mucha prolijidad, fue plantada allí una estatua propia (como se denomina a este tipo de figura) de Hugo Chávez –que debe ser catalogada de pedestre–, ícono del tercermundismo extremo, en actitud curiosamente similar a una de Hussein. El adefesio será develado en la circense apertura de la dispendiosa cumbre que ha provocado, desde ya, la total militarización de la isla.

Mientras era colocada en su sitio, se desató un feroz aguacero sobre la ciudad. Los viandantes achacaron a esta muestra de “culto a la personalidad” la causa del terrible temporal. Esa vaina es pavosa, afirmó más de uno. Sí, algo ominoso presagia lo que un merideño, proveedor de ídolos de barro perpetrados en bronce, denomina, sin abundar en razones, “estatua determinante”. Pavoso o no –habrá que ensalmar a la isla toda, porque “de que vuelan, vuelan”–, el mamotreto está condenado a ser derribado.

No por el mismo fanatismo encauzado que abatió a Colón y glorificó a Tiro Fijo, ¡no! Será la auténtica ira popular, la que se lo llevará en los cachos. Correrá la misma suerte que corrieron las de Guzmán Blanco –Manganzón y Saludante–, Stalin o el mencionado Sadam… Solo quedará el recuerdo de un desafuero en memoria de, tal leemos en placa imaginada por La Patilla, “el hombre que arruinó el país con las reservas petroleras más grandes del mundo”.
Fuente: El Nacional