martes, 11 de octubre de 2016

Desobediencia civil/editorial El Nacional martes 11Oct2016

La desobediencia es un derecho inalienable cuando se ejerce en contra de órdenes, disposiciones y sentencias violatorias de la Constitución y las leyes de la República. En nuestra Constitución fue establecido en el artículo 333 al declarar que “no perderá su vigencia si dejare de observarse

por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella.


En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia”.

Por si fuera poco, el artículo 350 es taxativo: “El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos”.

Ante acciones ilegales por parte de las autoridades el ciudadano está obligado a desconocerlas y a restituir la vigencia de la ley y, en el caso de Venezuela, de la Constitución. Empero, si las acciones ilegales se convierten en sistemáticas por parte de las autoridades, la desobediencia se
impone no solo por razones constitucionales, sino morales.

Obedecer la Constitución en la Venezuela de hoy es desobediencia civil. Hay quien pregunta “con qué se come la desobediencia civil” y al ridiculizar el postulado piensa que se sale de la suerte, aunque solo exhiba su ignorancia histórica.

El 23 de enero de 1958 fue la culminación de un período de desobediencia popular, con manifestaciones en las calles, con la asistencia a un plebiscito cuyos resultados la dictadura desconoció, con una evolución de la conciencia republicana en las Fuerzas Armadas que las llevó a ignorar las órdenes del tirano. La noche del 22 de enero y la madrugada del 23, los mandos militares, sin disparar un tiro, desobedecieron al general Pérez Jiménez, quien huyó rumbo a República Dominicana.

Esa noche el tirano escuchó la admonición de Luis Felipe Llovera Páez, que le recordó que “el pescuezo no retoña”.

Desobediencia es la de quienes trabajan en la Administración Pública y firmaron por el referendo revocatorio para este año. Desobediencia es el paro de los transportistas en defensa de sus reivindicaciones, sin temerle a las amenazas de Nicolás Maduro. Desobediencia es la de las mujeres en Táchira que rompieron el cerco policial y militar que les impedía cruzar el puente de la frontera. Desobediencia es lo que la Unidad proclamó el 26 de septiembre en relación con el referendo 2016: “No aceptaremos nada que no cumpla con la Constitución, y si el gobierno ha optado por incumplirla y violarla, se encontrará con un pueblo que los hará acatar la Constitución”.

No hay duda de que hoy acatar la Constitución es desobedecer la voluntad del déspota.

Venezuela comenzó su independencia el 19 de abril de 1810 y el 5 de julio de 1811, que fueron actos de desobediencia civil. También simbolizan esta conducta nombres como los de Mahatma Gandhi, Rosa Parks y Martin Luther King.

La desobediencia es en esencia un acto moral. Se produce cuando el ciudadano rompe con el reconocimiento a una autoridad tiránica. Cuando esta ruptura se hace pueblo por masiva, los tiranos huyen. Muchas veces sin disparar un tiro.
Fuente: El Nacional