lunes, 10 de octubre de 2016

Por la boca muere

NAKY SOTO PARRA 
Venezuela envió ayuda humanitaria a países afectados por el tránsito del huracán Matthew. Las mismas cajas por las que ruegan decenas de miles de connacionales, esos que hurgan bolsas de basura

Venezuela envió ayuda humanitaria a países afectados por el tránsito del huracán Matthew.
Las mismas cajas por las que ruegan decenas de miles de connacionales, esos que hurgan bolsas de basura. Son los que el Gobierno se resiste a admitir porque más les perturba una cola en una panadería como evidencia de lo que no está bien, que un niño muriendo por falta de medicinas en cualquier hospital público. Es mejor fingir estabilidad y ganar puntos por solidaridad. Enviando ayuda humanitaria niegas la crisis y engrosas la gratitud de tus países vecinos, esa pieza clave para cualquier votación que demanden sanciones de organismos internacionales.


El chavismo es más arrollador que Matthew, un huracán político, económico y social con dos grandes ejes de desarrollo: políticas públicas desacertadas y una corrupción feroz. Para maquillar un poco el desastre de su devastación reciente, el Gobierno diseñó una ayuda solo para los suyos, los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, una herramienta de discriminación política para la distribución de bienes escasos con propósitos urgentes: reagrupar a su militancia alrededor de la comida y penar a la disidencia con hambre.

En VTV, Nicolás celebró una reunión con miembros de los Clap, considerándolo un sistema de distribución cristiano y “la herramienta fundamental para salir victoriosos frente a la guerra económica”. El apartheid es la solución para una guerra ficticia. Para contrarío de Nicolás, los voceros de los Clap mostraron un rosario de críticas contra la herramienta, desde que el contenidos de las bolsas no cumple con requisitos nutricionales mínimos, pasando por la insuficiencia de la cantidad de bolsas recibidas, la falta de continuidad en el sistema, hasta lo grave de entregar lo mismo a cada familia independientemente de la cantidad de miembros que tenga.

Nicolás no supo manejar las críticas. Las evadió con la misma torpeza que maneja todo e intentó correr la arruga improvisando un regaño contra la ministra de Salud y el vicepresidente del Área Social, demandándoles soluciones en 24 horas –que obviamente no entregaron–, e insistiendo en la distribución como el principal y único problema que explica la escasez y el desabastecimiento. Aprobó un decreto para que el Estado obtenga el 50% de la producción nacional para repartirla con los Clap, justo antes de proponer la carnetización de todos los miembros del sistema. Si quieres comer, inscríbete en algo que es como el Psuv.

El incentivo del hambre es poderoso en una economía quebrada. El FMI y el Banco Mundial elevaron el cálculo de nuestra inflación presente y futura, la pérdida de productividad y el desempleo; mientras el Gobierno mantiene el mensaje clave de que lo peor ya pasó, que la prioridad no son las elecciones sino la recuperación de la economía que ellos mismos destrozaron. Ser cínicos con frecuencia no los hace eficientes en su ejercicio, menos aún cuando entregas a otros la ayuda humanitaria que no le das a tu ciudadanía. Es soberbio creer que hay más gente esperando una bolsa, para guardar silencio, que los que esperan una elección para cambiar el país.
Fuente: TalCualDigital