viernes, 4 de noviembre de 2016

El verdadero equivocado/editorial El Nacional viernes 04Nov2016


Ayer el señor Maduro, sabiéndose acorralado por las verdades apocalípticas que se ciñen sobre su moribunda gestión, no ha encontrado otra respuesta que acusar a la oposición de “decir muchas mentiras” y de “estar creando falsas expectativas” sobre las conversaciones que se han llevado a cabo en el transcurso de estos días.


En su estilo culto, refinado y diplomático que ya todos conocemos, más acorde con la estatura de un presidente de la república bananera de Venezuela, que de la digna y airosa República Bolivariana de Venezuela que tanto defendió su antecesor Hugo Chávez, el señor Maduro, desde el palacio presidencial de Miraflores, exigió a la oposición mostrar “más responsabilidad porque le mienten hasta a su madre”.

Bellas y educativas palabras para los venezolanos pero que en boca del señor Maduro suenan a chiste malo porque si alguien nunca ha dado muestra de responsabilidad desde que llegó al poder ha sido precisamente él. A la muerte de Chávez el país se mantenía en equilibrio a duras penas, si no boyante, por lo menos a flote y la gente no comía basura en las calles como sucede ahora. No vivíamos en el paraíso, ni siquiera en el purgatorio, pero aunque estábamos a las puertas del infierno había cierto margen de esperanza.

Pero así será de inepta la cúpula gobernante que, a los pocos meses de posesionarse el señor Maduro, se vislumbró en el horizonte un clima de incertidumbre y de desgracia porque desde el interior de su propio partido, el PSUV, conocían muy bien la trayectoria y la formación de quien ahora le tocaba una tarea que jamás podría llegar a cumplir. Continuar con el legado de Chávez sin contar con el histrionismo, el carisma popular y la capacidad infinita de envolver en demagogia cada paso de su gestión, resultaba una cuesta muy difícil para el señor Maduro y, lo que es peor, hasta él mismo sabía que hiciese lo que hiciese jamás estaría a la altura.

La decisión de colocarlo allí, en un cargo históricamente tan exigente, solo podía ser explicada como una jugada entre poderes externos al propio pueblo venezolano, y a quienes movía un interés por mantener el statu quo mientras se cuadraban adecuadamente los poderes militares y civiles en pugna. Lo que no se previó es que con el tiempo la fragmentación interna del chavismo iba a darle una extensión mayor a la provisionalidad visionada desde La Habana, dejando en manos tan inexpertas a un aliado tan valioso como Venezuela, al punto de colocarlo en situación de quiebra económica, social y moral.

Cuando el señor Maduro habla de “falsas expectativas” no queda duda de que se está mirando en un espejo de cuerpo entero. Ya los venezolanos, y en especial los militantes medios y de la base popular del PSUV, saben perfectamente bien que las buenas expectativas han sido borradas y que si alguien puede, en un futuro, encarnar alguna no será precisamente el señor Maduro.

Los resultados están a la vista y no se necesita ser un experto para saber que alguien más avezado y lúcido debe guiar al país en medio de esta tormenta económica y social que afecta a todos por igual. Es tiempo de abrir espacio a caminos y soluciones verdaderas y no cerrar las puertas a la Constitución nacional, que indica el rumbo adecuado.   
Fuente: El Nacional